El Lugar de los cuatro barrios

 

o el Lugar en los cuatro barrios

o el Lugar en las cuatro casas

 

Por Lizbeth Zavala

 

Yo siempre digo que soy naucalpense de corazón, pero los chilangos se ríen de mí. Lo asocian a bajar del cerro a tamborazos y andar en burro, me imagino. O no sé qué pensarán, que soy de rancho, de provincia, como se dice. Comentan que es feo y aburrido —lo cual es cierto, en la actualidad— o simplemente que alguna vez oyeron de él, o fueron a Satélite. Pobrecito Naucalpan, que al igual que a toda el área metropolitana, los defeños se lo agarraron de cachazapes. Ay, Estado de México, te agradezco haberme dado dónde vivir, pero sí estás de la chingada.

Lo cierto es que nunca pensé en Naucalpan y nunca pensé en Edomex, ni en el ridículo himno que le corresponde, hasta que después de 25 años me vine a vivir al defe, ahora “el estado que es ciudad”, como también le oí decir a alguien, que por cierto me cae mal. Bueno, sentía que yo en mi vida anterior sentía que vivía en el defe. Incluso cuando yo era la extranjera, a cierta gente le dije que yo venía de ahí, del defe. La conversación se acotó con un bueno, no exactamente, de la orilla, pero es la misma mancha urbana. Y sí es también una mancha, pero no con la misma mugre.

Y me pasa que amar a Naucalpan es como amar a mi padre. Yo no lo elegí, no le pedí nacer ahí, no estoy de acuerdo con él, nunca lo voy a estar, no me enorgullece, me encabronan sus historias y le atribuyo ciertas conductas mías que me generan conflictos personales y frustraciones, pero al final es mi lugar de origen, me hace sonreír, tantas carcajadas me ha oído, y cada domingo, aunque efímera, siento una paz. Y entonces es que me prometo otra vez que nomás iré cada quince días.

No es que piense que el defe es mejor y soy un ser superior ahora que vivo en la gran ciudad, oh, no. El defe es simplemente mi resguardo de la familia. Tiene una serie de conflictos de los que no hablaré ahora. Sólo que al vivir aquí me di cuenta de que no son la misma mancha urbana como dije cuando era extranjera, no en definitiva, y me di cuenta de lo que realmente es Naucalpan de Juárez, Estado de México, es decir, por primera vez pensé en él.

 

Resulta que, para empezar, es tierra de nadie en el cerebro de muchos. Comencé a sentirme una víctima del tiempo que me tomaba transportarme ahí, una sufrida sobreviviente a los asaltos y violaciones, una aventurera en contra de la corrupta policía, una penitente de los altos costos del transporte público y una aburrida, porque Edomex suena a aburrido.

Y es que mi tierra sí es todo eso y otras cosas más, que ahora explicaré.

Todos los mexicanos nos sentimos aztecas, pero no, en Naucalpan en realidad somos tlatilcas, una civilización incluso más antigua que las civilizaciones teotihuacana, tolteca, chichimeca y azteca. Pero quién piensa en eso. Nadie, evidentemente. En las escuelas no se menciona y los pobladores sobreviven sí a Naucalpan, pero como los seres humanos sobreviven a los seres humanos. Bueno, hay vestigios de aquella historia. Hay, por ejemplo, un Museo de la Cultura Tlatilca, que yace debajo de un puente y del desinterés. Y entre las antiguas vías del tren y las zonas más delictivas del municipio se erige por ahí una pirámide tlatilca. Y quién se pregunta qué es, de dónde salió, por qué vale madres. Esa indiferencia de la historia, esa ignorancia, es la justicia del presente.

Pobrecito Naucalpan. Hay también un cerro que otrora fuera una pirámide, el tan mentado “Cerro de Moctezuma”, pero Moctezuma no era tlatilca, curiosamente. Aunque Hernán Cortés tras la conquista le regaló Naucalpan a la Isabel de Moctezuma. Le dijo ten, te lo regalo, no importa. Supongo que el nombre va por ahí. Y está resguardado por el INAH, aunque ahí no hay ningún arduo equipo de arqueólogos rescatando el legado; ahí más bien hay ardorosos jóvenes consumiendo drogas y consumando sexo, al acecho de la policía extorsionadora.

Tampoco nadie sabe que Naucalpan fue un barrio de Tlacopan. ¿Y qué chingados es Tlacopan? Tacuba. Y en algún momento lo fue del imperio Tepaneca de Azcapotzalco. De seguro enorgullecería a algunos saber que en principio fue defe cuando no era defe. Y los chilangos no han de saber que la cantera, la arena y la grava del Palacio Nacional y la Catedral Metropolitana los sacaron de alguno o más de alguno de los cuatro barrios de Naucalpan. Tampoco es que lo sepan los naucalpenses.

Oh, y qué decir de las leyendas urbanas. Se dice que la erección de la iglesia de los Remedios, hoy tan importante que es Basílica Menor, tiene algo que ver con la historia de la Conquista. De hecho, la Virgencita de los Remedios, santa patrona de la Conquista, es la santa patrona de esa iglesia. A esta Virgencita se le conoce como “la Generala”. Y cuenta la leyenda que en la Noche Triste Hernán Cortés y compañía escondieron su efigie debajo de un maguey, la cual un indígena encontrara y considerara un milagro gracias al que se erigiera la capilla. Y no sé si soñé o me habría gustado que la historia fuera más emocionante, pero yo me sabía la versión de que Hernán Cortés se había encabronado con “la Generala” por no haberlo socorrido en la batalla y la había arrojado en el camino. Y me encanta la imagen de Cortés aventándola con los ojos bañados en fúricas lágrimas. Así que pa’ mí ésa es la verdadera.

Y dicen, dicen, que entonces Hernán Cortés no chilló en Tacuba, sino en San Juan Totoltepec —que en esa época correspondía al Tlacopan, que hoy es Tacuba—, donde me enamoré por primera vez, y que un bellísimo ahuehuete en los lindes del río de aguas negras de la colonia es el verdadero Árbol de la Noche Triste. Aunque luego leí que en realidad Hernán Cortés no lloró ni en ése ni en ningún otro árbol. Y aunque todos los mexicanos, mexiquenses y naucalpenses se sienten aztecas, veneran a la Virgencita de los Remedios, “la Generala”. Y llegan a ella muchos peregrinos cada 1° de septiembre. Hasta les construyeron “La casa del peregrino” en los lindes de la dramática escultura de San Miguelito Arcángel asesinando a Satanás personificado de dragón.

Nadie sabe que a las 4 am salió de Naucalpan el presidente Benito Juárez con dirección a Querétaro. Y entonces que el nombre completo es Naucalpan de Juárez, y su centro otrora Villa de Juárez. Y la verdad es que yo me enteré de todo esto para escribir todo esto. Y nada de esto importa para los naucalpenses, corazón que no ve, corazón que no siente. Y en Naucalpan sólo se ven micros y tienditas y las Torres de Satélite. Y eso es lo que se siente.

También hubo otros eventos históricos menores, que son tan menores que no retomaré.

Me saltaré hasta la industrialización de Naucalpan. En 1975 se reconoce que Naucalpan es uno de los municipios más industrializados del país. Fin de la historia.

 

¿Cómo es Naucalpan?

Gris.

Café.

Verde militar.

Verde seco.

Blanco.

Gris. La zona industrial es enorme, triste, injusta, como todas las zonas industriales. Me da desconfianza.

La calidad del aire de Naucalpan es una de las peores del área conurbada.

Café. Están todas esas colonias a lo largo del río de aguas negras y las vías del tren, al que escucho nostálgica en mis recuerdos. Sus vagones ahora son viviendas e incluso hasta hay una escuela, una escuela que está entre las mejores de todo el país. También hay una colonia llamada Tercer Mundo, colonizada por paracaidistas que no son paracaidistas comunes y corrientes, de diccionario. Esa colonia alberga varios “bares” ilegales en los que emborraché durante mi periodo en la universidad. Uno muy famoso es El Tercio. Aún puedo visualizar a la frondosa señora sirviendo las caguamas en el patio de su casa.

Varios ríos cruzan Naucalpan, todos de aguas negras. Incluso hasta hay una presa de aguas negras.

Verde militar. Ahí está el enorme Campo Militar 1.

Verde seco. Hay una zona boscosa relativamente grande y carcomida por plagas ocasionadas por eucaliptos, y la plaga más asquerosa conocida como hombre.

Blanco. La vida le ha otorgado dos de las zonas panteoneras más grandes de la metrópoli. Qué belleza, qué mordaz gesto, qué regalo tan lleno de sarcasmo, kilómetros y kilómetros de tumbas. Qué chiste tan más pesado. Algo habrán hecho los tlatilcas. Algo habremos hecho todos los mexicanos.

¿Qué hacer en Naucalpan? ¿A dónde acuden los oriundos de Naucalpan el domingo? A Plaza, a SanBar, al Naucalli. ¿Qué hace la gente de Naucalpan que gusta de actividades culturales? Pues va al defe.

Cuando llegué al defe e hice mi primer súper en la Comer de Chabacano y el segundo en el Wal-Mart de Nativitas, me di cuenta de cómo extraño los supermercados de Naucalpan. Y cuando fui a Centro Coyoacán o a Parque Delta, me di cuenta de cuánto añoro Plaza Satélite. Y es que esa añoranza se explica en que todo lo que tiene que ver con consumo es copioso en Naucalpan, los centros comerciales son exageradamente arregladitos y variados. No hay mucho más que hacer, los únicos teatros que hay son los del Palacio Municipal y la Unidad Cuauhtémoc; ah, está la escuela de Bellas Artes, en eterna decadencia; ah, hay un lugar llamado Film Club Café, donde proyectan cine de arte y organizan talleres y conciertos. Punto. Ah, también hay un colectivo de foto que se llama Caca. Ok. No es que haya mucho más a dónde ir más que a las tiendas. Entonces concluyo que por eso están tan bien surtidas. También hay un enorme mercado de cháchara en la colonia El Molinito.

La UNAM nos regaló la Facultad de Estudios Superiores Acatlán y el Colegio de Ciencias y Humanidades de Naucalpan, aunque todos los gachos de CU nos ven con desprecio. Sucede lo mismo que ser de la Zona Metropolitana pero de Naucalpan no de defe.

Tipo de suelo: concreto de la peor calidad, miles de baches.

Política. La presidencia municipal es priista desde hace varios trienios, aunque muchos años fue panista. De momento todo lo que fue blanco y azul, ahora tiene el color de la bandera mexicana. Todo lo que han tocado lo han arruinado. Todo lo que ya estaba malhecho y feo ahora es peor.

Naucalpan es sinónimo de marginación en varios aspectos. Es marginada del defe, por el gobierno del Edomex y por los mismos naucalpenses. Hay mucha pobreza, un apogeo de chakas y microbuses, chafiretes disfrazados de  San Juditas. El ‘lugar de los cuatro barrios’ o ‘en los cuatro barrios’ o ‘de las cuatro casas’ es cuna de violaciones, raptos de menores, ríos de drogas, asesinatos, feminicidios, robos a casa habitación, crímenes pasionales y venganzas, pandillismo, ignorancia, una completa falta de cumplimiento al orden vial, atropellamientos, accidentes automovilísticos fatales, una de las policías más corruptas, contaminación visual, auditiva y olfativa. No quiero hablar del metro Toreo, nuestra conexión con la gran ciudá. Muchas cosas horribles. Todo eso hay en Naucalpan.

Ni siquiera los movimientos sociales en Naucalpan son normales. Existe, por ejemplo, el Movimiento Antibache Naucalpense Organizado. Que ni bien redactado tiene el nombre y como protesta festeja los cumpleaños de los baches. Y es que algo tan bobo como ello termina siendo inteligente aunque infructuoso, como muchas de las acciones inteligentes en la vida. Ampliación los Remedios, un movimiento virtual, tiene un Facebook que pretende ser un portal de apertura para la denuncia de las injusticias cotidianas de la colonia que me vio crecer. Pero lo administra una abogada, que se anuncia como abogada; y como pasa con todas las acciones políticas en México, el acto se desvirtúa. Y el espíritu panista de Naucalpan nunca se ha perdido: vi que el otro día hubo una protesta por la paz y la seguridad en las emblemáticas Torres de Satélite, con todos vestidos de blanco. Y eso es todo. A nadie le interesa protestar usando de taparrabos la jeta del diputado, disfrazarse, pintarse las patas con pintura roja, la faramalla, digo, la protesta espectacular sólo es propia del defe.

No me gustaría llegar al tema de los satelucos, pero algo diré. Diré que para el chilango el Estado de México es Satélite. Y para los naucalpenses Satélite es Plaza Satélite. Y para los satelucos, Satélite es su corazón. Son satelucos, ¿ves? Fueron al Cristóbal, al Carol y al no sé qué en Lomas Verdes, ¿ves? Y los satelucos que viven en el defe hablan de sí mismos como una tribu, ¿ves? Y Satélite es todo un tema, ¿ves? Fue un símbolo, fue; las Torres son un símbolo, lo son; ahí está el Naucalli, ahí sigue; y también la única “zona de librerías” del estado: un Gandhi y un Sótano. Osh.

No. Naucalpan no es un lugar bonito. Ni es un lugar seguro. Es un lugar inseguro. Sin embargo, así como a mis padres, le agradezco a Naucalpan haberme dejado vivir, porque también me la he pasado bien y, como dicen las señoras, he tenido vida. No sé qué diría Freud de mi amor por mi padre y por Naucalpan. Le agradezco mucho los resquicios de un bosque. Le agradezco la presa de aguas negras, el “bosque” de los Remedios, el Parque de La Hoja, pasé ahí muchas vacaciones con mi hermano mientras mis papás practicaban del sano deporte del jogging. Gracias, de verdad, gracias infinitas por todos esos árboles, todos esos pirules, fresnos, álamos, cedros y la sarta de eucaliptos, les agradezco infinitamente haberme dado un lugar fuera de casa para explorar mi sexualidad. Tantas caricias en el bosque, tantos besos, esas risas, tantas aventuras. Hasta un pinche perro me mordió. Claro que también le agradezco la universidad y eso.

Para terminar, diré lo que sigue.

Cada vez que me subo a mi bici en el defe, en vez de al metro Toreo, todavía en el estado, pienso en mi Naucalpan, mi tierra, pienso en la gente que vive ahí sobreviviendo a la ignorancia y a las injusticias; pienso en el miedo que me dan los microbuses y los chakas en la motoneta —se dice que son los rateros y/o narcomenudeístas—, porque pienso en la gente que amo y vive ahí, y también en la que no amo, o sea, la sociedad en general; pienso en esas terribles historias de niñas violadas y asesinadas; pienso en las mujeres violadas en el bosque; y pienso que Naucalpan realmente es cuna de la desgracia. Pero luego pienso que el defe también está así, sólo que hay más gente; pienso que todo México está así y que mi imaginación no es capaz de vislumbrar la realidad; y luego pienso que en todo el mundo, en toda la historia, la humanidad se ha encargado de cultivar la miseria. No es consuelo de tontos. Es más bien que, como diría un alguien a quien admiro profundamente, el hombre es un error de la evolución.

 

***

 

Lizbeth Zavala (Naucalpan, 1987). Editora. 

 

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