Presentación

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Mapa del Estado de México, sin nombres y sin división política. Usted puede elegir de qué color quiere iluminarlo.

Este proyecto nació como una broma. Juan Pablo Anaya y yo conversábamos una noche en el café La Habana acerca de nuestra vida en la casa familiar. Él me contó algunas anécdotas suyas en La Escalera y en San Juan Teotihuacán y yo, por mi parte, le conté algunas de Tlalnepantla. Entre esas anécdotas salieron a relucir algunos nombres de otros escritores originarios del Estado de México, amigos nuestros.

Una de las reflexiones que hicimos durante esa conversación tuvo que ver con el hecho de que varios de ellos en sus biografías afirman ser de la Ciudad de México por distintas causas: porque (lo obvio) nacieron ahí —en varios casos su mamá fue a sólo dar a luz a algún hospital de la Ciudad y después de nacidos fueron llevados enseguida al Estado de México donde pasaron su niñez y adolescencia— o porque emigraron del Edomex y se autobautizaron citadinos.

Fuimos enumerando a nuestros conocidos y especulamos cuál era el caso de cada uno. Luego comenzamos a pensar en lo que les habíamos leído y el descubrimiento fue que casi nadie menciona su oscuro pasado en el Estado de México —intuimos que les daba penita—. Y al ver que se iban sumando nombres, seguimos con la broma e imaginamos una Sociedad de Escritores Mexiquenses, luego una antología mexiquense.

Ya en una caminata por la San Rafael fuimos dándole forma a esa antología: si nuestros amigos negaban su origen o no hablaban de él en ninguna de sus crónicas o cuentos, la idea sería invitarlos a escribir de algo acerca del Estado de México. Juan Pablo insistía en que la etiqueta mexiquense le restaba a la idea y la dotaba de un tono priista. Yo insistía en que usar el término sería una mofa a esa imagen verde blanco y rojo que se dibuja en la imaginación de quienes escuchan el término.

Además del gentilicio, discutimos cómo es que entonces se podría llamar la antología para no involucrar cuestiones políticas. Juan Pablo sugirió llamarla zona conurbada o algo así. Lo cierto es que el proyecto avanzó con el sobrenombre de antología mexiquense, aunque no cumple con los requerimientos específicos de una antología y tampoco se relaciona con el orgullo tricolor.

Tras la conversación de aquella noche y algunas otras más en las que la idea fue creciendo, decidí contarles directamente a algunos amigos del proyecto y escribirle a otros tantos para invitarlos a participar. La invitación no hablaba de otra cosa sino de la anécdota que he contado con anterioridad y se abría a recibir textos de cualquier género: crónica, cuento, relato…

La mayoría aceptó la propuesta, aunque con dudas acerca de lo que debían escribir; pero la cruel realidad es que muchos de ellos sólo dieron el sí, pero no el cuándo. También hubo quien confesó que escribir del Estado de México no le entusiasmaba en lo absoluto y prefería no entrarle.

Con el entusiasmo de unos y la negación de otros el proyecto fue tomando forma. A la par de la espera de los textos, surgieron otras discusiones más en las que hablamos de la relación del Edomex con la CDMX. Fuimos entendiendo así que estábamos hablando de frágiles fronteras y marcados lindes. En las pláticas de café se fueron formulando preguntas como por qué muchos de nosotros hemos decidido emigrar a la Ciudad y por qué una vez que nos hemos instalado en ella no queremos volver al origen o mostramos una negación hacia él.

Al recibir los primeros textos me fui dando cuenta de que esta discusión que había surgido de manera paralela a la hechura de los textos, estaba en los textos mismos y había brotado también en la escritura de diferentes autores: un problema de identidad, el miedo a la violencia, la frustración por la ignorancia, el desencanto por los paisajes y una serie de inquietudes que se repiten en varios de los textos que aquí se muestran.

Me causó una gran sorpresa descubrir algo que, en apariencia, era muy evidente y, por lo tanto, en lo que no había reparado bien. Algunos de ellos se negaban a hablar del Estado de México, pero también, al parecer, se negaban a hablar de la casa familiar. Porque justo eso se repite en varios: la vida en la casa familiar y el abandonarla. Y en ese sentido esta muestra de textos no sólo ilustra directamente  o indirectamente un fragmento del Estado de México y cómo cada uno de los autores que aquí se reúnen ha decidido narrar su percepción del lugar, sino que también se configura como un espacio donde se habla y se reflexiona en torno a la acción de emigrar por mejor calidad de vida.

Muchos de los que aquí escriben viven en la Ciudad de México y no conciben en lo absoluto su vuelta al Estado de México más que en los reglamentarios fines de semana para visitar a su familia y un sitio que les es cada vez más ajeno. Aun así, en las narraciones se percibe una preocupación en común: cómo afecta la violencia a sus familias, a sus amigos y a la gente que sigue viviendo ahí —los del Estado de México no son ciudadanos, son sobrevivientes.

Sería una mentira decir que esta compilación es resultado de una selección rigurosa y etcéteras, porque esta compilación es sencillamente una reunión de voces y de interpretaciones con respecto a un entorno o un contexto, que sigue teniendo sus matices; en cierto sentido es una conversación entre compas que vienen de un mismo lugar. Cabe hacer la aclaración de que algunos de los autores no nacieron en el Estado, pero ahí crecieron o pasaron parte de su vida, por lo que es razón suficiente para tomarlos en cuenta.

Confiamos en que los textos que aquí se reúnen causarán una serie de discusiones más de las que ya han generado desde su concepción y abrirán una invitación a escribir y reflexionar en torno a los temas que van brotando en las narraciones. No estamos hablando solamente de un sector del país sino de la situación del país mismo, a pesar de  que ésta es únicamente una pequeñísima muestra.

Por último diré que después de que este proyecto fue pensado para ser un libro electrónico, elegí a consciencia, y tras de un proceso largo de de búsqueda de publicación y recursos, crear un blog con formato semanal. Mi deseo desde el principio ha sido compartir con otros puntos de vista. Del mismo modo, mi intención es que los textos se difundan, se lean, se discutan, se critiquen y sobre todo que haya retroalimentación por parte de los lectores. Este formato también me ha permitido poder conectar las narraciones con enlaces a noticias y material audiovisual, lo cual puede generar una lectura más completa.

Espero que no haga falta aclarar que esto no tiene ningún fin de lucro; sería el colmo lucrar con el trabajo de amigos a los que no les he pagado un solo peso. Como nota final, el nombre de la falsa antología es un plagio del título del cuento de Demian Marín.

Agradezco muchísimo a aquellos que aceptaron la invitación y que no sólo la aceptaron sino que estuvieron dispuestos a mostrar el código postal, se dieron espacio para contestar mis correos, escribir y enviar sus textos sin que hubiera una remuneración de por medio: Edgar Yepez, Haydeé Salmones, Joaquín Guillén Márquez, Lizbeth Zavala, Demian Marín, Mónica Perea y Francisco de la Rosa. Ah y, por supuesto, al buen Juan Pablo Anaya, por ser cómplice en este esfuerzo. Gracias a todos por su confianza, su dedicación y su tiempo.

Patricia Arredondo

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